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    2019-04-15

    Virgilio Piñera comenzó AMD3100 desafiar las jerarquías del campo intelectual cubano y argentino desde paradigmas de actualidad, que no siempre estaban cruzados por el prestigio y el reconocimiento internacional, lo que desentonaba con las ideas compartidas por los de Orígenes y con las de muchos de sus colegas porteños. Virgilio Piñera comenzó a actuar entre los dos campos simultáneamente, el porteño y el habanero, gracias a sus estancias en Buenos Aires, que en total suman un poco más de diez años. Aunque Ciclón se imprimió en La Habana y fue dirigida por José Rodríguez Feo que, como sabemos, había estado también a la cabeza de Orígenes junto a Lezama Lima, fue aquel narrador y poeta quien lideró la apuesta estética de la revista como secretario de redacción en La Habana y corresponsal en Buenos Aires. Si Sur y Orígenes buscaron institucionalizar sus propuestas sobre el hecho literario y formar grupos creativos, Ciclón intentó des-institucionalizar y legalizar un nuevo canon. El dibujo del mundo ciclónico fue efectivamente distinto al que trazaron sus antecesoras. La mayor innovación de Piñera y Rodríguez Feo en términos de las políticas cosmopolitas fue un cambio en el referente de novedad. Su mirada ya no se ubicó en París AMD3100 o Nueva York, sino en Buenos Aires. Por mediación del campo porteño llegaron a Ciclón traducciones de obras provenientes de otros campos, como el francés. Pero además, no contentos con esto, el escritor y el crítico intentaron poner en circulación, en espacios centrales de su revista, estéticas que para la fecha no tenían mucha acogida: obras que exploraban lo absurdo y lo grotesco, así como una temática que tampoco era muy celebrada entre los letrados latinoamericanos, esto es, la sexualidad como materia literaria. Así fue como la propuesta de Ciclón profundizó los vínculos y la comunicación entre dos polos culturales latinoamericanos. Sin embargo, en las capitales de Buenos Aires y La Habana, la revista se quedó en los márgenes de ambas, gracias a su perfil irreverente y polémico, que es fácil comprobar tan solo revisando algunos autores que se tradujeron: el Marqués de Sade y uno que otro del Colegio de Patafísica. Además, la noción de la literatura como expresión universal que movió el impulso cosmopolita de Ciclón, se sostuvo en ideas distintas del universalismo que seguían los líderes de Sur y Orígenes. En primer lugar, estaban las convicciones de Virgilio Piñera, secretario de redacción y líder de la propuesta estética y de las estrategias de intervención de la revista. Piñera puso en cuestión el lugar del creador o del poeta en las sociedades latinoamericanas dentro de los proyectos nacionales y frente a syphilis los centros imperiales. En declaraciones irreverentes y ensayos iconoclastas, manifestó que existían limitados referentes de calidad en nuestros países, pero que esto no se presentaba sólo en Latinoamérica, sino que se debía a las maneras de legitimación de la literatura y el arte internacional. Condenó la artificialidad de la supuesta tradición poética nacional, basada en la escritura de manuales y en una comunidad de elogios mutuos, que era sorda a la complejidad de la vida de los hombres concretos. También señaló que los paradigmas del mundo internacional de las letras no seguían criterios de calidad estética, sino que se guiaban por condiciones asimétricas de un mundo artístico jerarquizado, cuyo centro eran capitales europeas. Además, aseguró que era posible percibir la falta de autenticidad de muchas obras contemporáneas, creadas para la participación en espacios centrales de legitimación cultural y no a partir de un trabajo de indagación en la propia experiencia del autor. Por esto, afirmaba, el arte y la literatura habían dejado de contribuir a ampliar la experiencia humana y no favorecían el espíritu crítico. Lo anterior hacía que, según su parecer, no fueran realmente universales las obras que se producían en los círculos de artistas y escritores en Latinoamérica ni en los campos artísticos e intelectuales de otras regiones, que se encontraban en un espacio supranacional que él mismo llamó “el país del arte”.