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    2019-06-12

    Según Alejandra Pita y Aimer Granados, las revistas culturales han sido redescubiertas por los historiadores como fuente de enorme valor para el estudio de grupos y redes intelectuales, y en este aspecto se han constituido como objeto de estudio autónomo. Sin embargo, como hemos señalado anteriormente, no se ha reparado en la importancia del discurso (textual y plástico) en las revistas por su capacidad performativa. Son numerosos y recurrentes los casos de tropos literarios rastreados Nutlin-3a lo largo de Timón, que se vinculan de algún modo con el exilio de los intelectuales de izquierda y esto es lo que nos permite arriesgar la existencia de una poética del exilio. Retomaremos algunos ejemplos a modo de ilustración:
    A MODO DE CONCLUSIÓN En síntesis, se puede afirmar que la presencia de alusiones discursivas y paratextuales acerca del exilio y sus consecuencias nos conduce a pensar si acaso no constituyen una poética del fenómeno del exilio, entendido no sólo en el plano literal que supone la expulsión territorial de los intelectuales por causas políticas, sino en el plano de lo metafórico. En este último caso, se puede entender el fenómeno no sólo como un traslado territorial, sino como un éxodo metafórico que va desde la esperanza de victoria por parte de los republicanos hacia la inminente derrota; del campo de batalla y la trinchera al campo y a la trinchera del pensamiento, la teoría y el discurso. En este punto, la palabra se vuelve indisociable del acto y la poesía es portadora en potencia del verbo hacer. La palabra anteriormente mencionada encarna las dos publicaciones fuentes de nuestro análisis, y constituye casi Nutlin-3a un lema en las configuraciones poéticas que movilizan, conmueven y mueven los engranajes de las intenciones intelectuales en el contexto complejo y ambiguo de la Guerra Civil española y el exilio.
    Espacios de singular importancia para el establecimiento y la consolidación de redes intelectuales lo constituyen las editoriales, los premios, las reuniones y las revistas científicas y culturales, entre otros sitios institucionales. La trascendencia de estos núcleos tanto para el desempeño del trabajo del escritor, como para la difusión, el intercambio y la formación y reformulación de paradigmas, y modos de leer los escenarios político-culturales ha sido ampliamente reconocida por la crítica. En el caso del ensayista argentino Ezequiel Martínez Estrada, los nexos establecidos con importantes figuras como el director del Fondo de Cultura Económica en Buenos Aires, Arnaldo Orfila Reynal, y su relación triangular con Daniel Cosío Villegas, director de la misma casa editorial en México, así como su participación activa en la revista han cobrado significativa relevancia, visible tanto en sus recorridos territoriales como discursivos y, sobre todo, en nuevas claves de lectura crítica que marcaron su apertura hacia el estudio y la interpretación de la dimensión latinoamericana.
    Ezequiel Martínez Estrada comenzó a Streptolydigins publicar en Cuadernos Americanos en 1945 con un artículo titulado “La inmortalidad de Facundo”; al año siguiente editaron su “Sarmiento y Martí”; en forma paralela, Arnaldo Orfila Reynal prologó y publicó en Argentina su Panorama de las literaturas, ensayo que se distingue por el rescate de la figura martiana. En estos recorridos se destaca su participación en la mesa redonda “Imperialismo y buena vecindad” de 1947, donde compartió su disertación con Mariano Picón Salas, venezolano, Joaquín García Monge, costarricense, Fernando Ortiz, cubano, Waldo Frank, norteamericano, y los mexicanos Daniel Cosío Villegas y Jesús Silva Herzog; en 1936 intercambió cartas con don Alfonso Reyes, lo que es digno de rescatar. Estos estrechos lazos entre la intelectualidad argentina y la mexicana se registraron desde épocas tempranas y se fortalecieron en los inicios de 1960, durante los últimos años de vida del escritor argentino. Lo cierto es que a raíz de estos circuitos que tendieron redes entre las naciones se configuró un espacio de diálogo e intercambio entre los intelectuales, que hizo propicio que Martínez Estrada resignificara sus coordenadas de lectura crítica y abriera su estudio e interpretación a la dimensión de América Latina, con el soporte que la Guerra Fría había dado a sus plataformas de lectura crítica desde la década anterior.